Detector de metales para niños: cuál
Le regalas un detector de metales por su cumpleaños, vais a la playa el sábado, pita cada dos metros, saca doce chapas de botellín y a los veinte minutos quiere irse. El lunes está en el trastero.
Casi siempre pasa por lo mismo: el aparato es demasiado pesado, no tiene discriminación de metales o no se ajusta a su altura. Y las tres cosas se resuelven mirando cuatro datos antes de comprar.
El peso es lo que decide si se usa o no
Un detector se sostiene con un brazo extendido y se barre de lado a lado. Un adulto aguanta una hora con 1,5 kilos. Un niño de ocho años, con eso, aguanta diez minutos.
Busca por debajo de 1 kilo para menores de diez años y por debajo de 1,3 kilos hasta los doce. Ese solo dato cambia el resultado más que ninguna prestación.
Y comprueba el rango de altura del mástil. Muchos modelos «infantiles» se quedan en 100 cm de mínimo, y un niño de siete años necesita bajar a 80 cm o va a ir arrastrando el plato.
La discriminación es lo que evita el aburrimiento
Esta es la función que separa un juguete de algo usable.
La discriminación permite decirle al detector que ignore ciertos metales. En la práctica, que no pite con las chapas de aluminio ni con el papel de plata, que es el 90 % de lo que hay enterrado en una playa.
Sin discriminación, la experiencia es: pita, cava, chapa. Pita, cava, chapa. Y ahí se acaba la ilusión.
Los modelos con 3 o 4 modos (todos los metales, joyería, monedas, personalizado) son los que mantienen el interés, porque de pronto lo que sale del suelo son monedas y anillos en vez de basura.
Qué profundidad alcanza de verdad
Las cajas dicen «hasta 1 metro». Es cierto y es engañoso a la vez: ese metro es para un objeto grande y metálico, como una tapa de alcantarilla.
Lo real en un modelo de iniciación:
- Moneda: 10 a 20 cm.
- Anillo o pendiente: 5 a 15 cm.
- Objeto grande: 40 a 60 cm.
Es más que suficiente. Casi todo lo que se pierde en una playa está en los primeros 20 centímetros, porque la arena se remueve constantemente.
Que sea resistente al agua, al menos el plato
El plato (la bobina) va rozando la arena y va a acabar en el agua, aunque le digas que no. Busca que el plato sea sumergible como mínimo. Que lo sea el mando completo es raro en gama de iniciación y tampoco hace falta.
Ojo con la arena mojada y salada: satura los modelos más básicos y empiezan a pitar sin motivo. Si vais a ir a playa habitualmente, mira que tenga ajuste de sensibilidad o balance de tierra, que es lo que corrige eso.
Qué más hace falta
El detector solo no vale de nada:
- Pala de mano o cavador de arena. Con las manos no se saca nada a quince centímetros. Es el accesorio que más cambia la experiencia.
- Bolsa o riñonera para lo que se encuentra y para la basura metálica, que hay que llevarse.
- Auriculares, si el modelo los admite. En la playa, con viento, el altavoz se oye fatal.
- Pilas de repuesto. La mayoría van con AA y consumen bastante. Aquí compensan las pilas recargables: un detector se come un juego cada pocas salidas.
Dónde se puede usar con un niño
Esto conviene saberlo antes de la primera salida, porque en España no se puede usar en cualquier sitio.
Playa: es lo habitual y lo más permisivo, pero varias comunidades autónomas exigen autorización incluso ahí, y algunos ayuntamientos lo prohíben en temporada alta.
Terreno privado: con permiso del propietario, sin problema. Es la opción más sencilla si conocéis a alguien con finca.
Yacimientos arqueológicos y su entorno: prohibido siempre y en todas partes, y aquí las sanciones son serias.
Montes y espacios naturales protegidos: normalmente prohibido o sujeto a autorización.
La norma cambia bastante de una comunidad a otra. Lo tienes desarrollado en la guía de detectores de metales, y lo sensato es consultar la normativa de tu comunidad antes de salir.
Qué precio tiene sentido para empezar
Entre 18 y 70 euros está la gama de iniciación.
Por debajo de 25 euros son prácticamente juguetes: sin discriminación, sin ajuste de sensibilidad y con falsos positivos constantes. Sirven para una tarde de curiosidad, no para una afición.
Entre 30 y 70 euros ya tienes discriminación por modos, sensibilidad ajustable, plato sumergible y mástil regulable. Es donde está el equilibrio si la idea es que dure más de un verano.
Por encima de 100 euros entras en gama de aficionado adulto: más profundidad, mejor separación de objetos y pantallas con identificación de metal. Para un niño es sobredimensionado, y además pesa más.
Cómo hacer que la primera salida salga bien
- Calibra en el sitio, con el plato a unos centímetros del suelo y sin metal cerca. Sube la sensibilidad hasta justo antes de que empiece a pitar solo, y ahí déjala.
- Barre despacio y solapando. El error universal es ir rápido: el detector necesita tiempo sobre cada punto.
- Empieza por zona seca, lejos de la orilla. La arena mojada y salada da muchos falsos positivos y desespera.
- Esconde tú unas monedas antes de empezar. Que encuentre algo en los primeros diez minutos es lo que decide si esto le engancha o no.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe pesar?
Por debajo de 1 kilo para menores de diez años y por debajo de 1,3 hasta los doce. Un detector se sostiene con el brazo extendido: con 1,5 kilos un niño aguanta diez minutos. Comprueba también que el mástil baje a 80 cm.
¿Qué es la discriminación y por qué importa?
Permite decirle al detector que ignore ciertos metales, sobre todo las chapas de aluminio y el papel de plata, que son el 90 % de lo que hay en una playa. Sin ella la experiencia es pitar, cavar y sacar basura.
¿Cuánta profundidad alcanza de verdad?
En un modelo de iniciación: de 10 a 20 cm para una moneda, de 5 a 15 para un anillo y de 40 a 60 para un objeto grande. Es suficiente, porque casi todo lo que se pierde en la playa está en los primeros 20 centímetros.
¿Dónde se puede usar?
En playa suele permitirse, aunque varias comunidades exigen autorización y algunos ayuntamientos lo prohíben en temporada alta. En terreno privado, con permiso del dueño. En yacimientos arqueológicos y su entorno, prohibido siempre.
¿Qué precio tiene sentido?
Entre 30 y 70 euros. Por debajo de 25 son prácticamente juguetes, sin discriminación ni ajuste de sensibilidad. Por encima de 100 entras en gama de adulto: sobredimensionado para un niño y además pesa más.
¿Qué más hace falta?
Una pala de mano o cavador de arena, que es lo que más cambia la experiencia, una bolsa para lo que se encuentra y para la basura metálica, y pilas de repuesto: un detector se come un juego cada pocas salidas.